Dentro del cilindro negro hay ferrocerio: el mismo material que hace saltar la chispa en los encendedores y en los iniciadores de fogata de los campistas.
Cuando lo rozas contra el asfalto, se desprenden partículas finísimas que se calientan tanto con la fricción que se prenden en el aire. Por eso no necesita pilas, ni cables, ni carga.
Bajas el pie: fuego. Lo levantas: se apaga. El show lo controlas tú, curva por curva, a la velocidad que quieras.
Y lo mejor: el que se gasta es el chispero, no tu suela. Tus tenis quedan intactos.











